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Apuntes sobre observaciones de cuerpos encontrados...

Después de entregarse con locura a una emoción furtiva, su cara de complacencia, de fornicada, dejaba entrever que comenzó a quererlo. Su entrega rápida, efímera, se había convertido en algo más. Por más que intentó no involucrarse con alguien como él, eso fue lo que terminó sucediendo. Él, tan guapo, tan experimentado, tan mujeriego, tan observador, tan coqueto… él, todo lo que su madre le dijo que no buscara en un hombre.

Pero no se trata de lo que la madre le dijo, se trata de lo que ella sintió, lo que ella vio. Esa incoherencia sonriente y juguetona. Las palabras disparejas que él le lanzaba a cien millas por hora, para envolverla en sus historias. Las piernas en constante movimiento. Su sonrisa cautivadora, que con los rayos del sol lo hacia verse más atractivo. En esas van, gustándose.

Ella, con la imagen que le quedó repitiéndose en su mente constantemente. Y él, con su cara de falta de café, queriendo descubrirla, descifrarla, encajonarla. Ella se fue al baño y él, mientras tanto, observaba su espalda curveada y seductora. Ella lo miro de reojo y él solo pude ver la extasiada cara de fornicada que ella tenía, complacida por la entrega corpórea de ratos anteriores.

Por otra parte, las sábanas mojadas, llenas de los jugos que ambos cuerpos dejaron escapar, entremezclados con sollozos de placer y gemidos de emoción. Ella vuelve del baño, no puede parar de sonreír y morderse el labio inferior a la vez. Sus ojos están iluminados por el recuerdo de su venida tan intensa. Lo mira. Él desnudo en la cama, con su sexo protuberante listo para otra misión de exploración. La tumba en la cama, posiciona su cuerpo sobre el de ella, como quien quiere apresar algo o a alguien. Ella observa sus hombros, como se mueven, como un animal buscando su presa. Y él, por otra parte, la toma por el cuello, intentando sujetarla. Se enfrentan como fieras, ante una pasión desbordada. Y comienzan el rito, una vez más.

A través de las persianas abiertas, la naturaleza bendice este encuentro, deseando ser ella las que termine con cara de fornicada y oliendo a puro…

Todo esto es parte del juego y de los movimientos a ser observados cuando dos cuerpos se encuentran, cuando dos almas se reconocen y se descubren.

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