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Amor de tarde

Hoy me hizo falta tu sonrisa de tarde, tu ser natural que me estremece cuando te tengo a mi alrededor, comienzo a extrañar tu ser.... a ti.

Como si Benedetti guiara mis dedos, dedico estas palabras al amor de tarde. Quizá sea muy precipitado hablar de amor, pero podría hablarte de una infatuación de tarde, de mañana y noche. Aun con la nariz tupida, busco el olor de tu almohada. Así como a ti te gusta el olor de mi coche, a mi me fascina el olor de tus sábanas. Sábanas blancas donde te quedas aguachaito y tranquilo, donde ya no sufres de insomnio y donde ahora haces algo más que descansar.

Y finalmente, la soledad llega a mi vida, en horarios de oficina que nadie quiere vivir. Busco la canción perfecta en el IPod para que, concientemente, me aleje de pensarte y para que, inconcientemente, me recuerde a ti, y me haga soñar contigo. Hay algo en las mujeres de elevarse soñando y perder la perspectiva de la realidad. La neutralidad y el arbitraje no son parte de quienes somos, no está en nuestro génoma humano. Creo que estoy condicionada a soñar. Quizá por eso olvido tan rápido, para poder tener más alas para soñar, para imaginarme experiencias contigo. Creo que el problema yace en que quisiera ver mundos contigo, quisiera conocer mi Isla a tu lado. Tan impresionante cuando me muestras cosas que desconozco, cuando con tu ojos me cuentas una historia.

El hecho es que te busco en mi recuerdo y solo logro ver tu sonrisa radiante ante mis comentarios impulsivos, tu sonrisa gigante ante la música que te mueve, la música que te recuerda ese pasado romántico que tanto te envidio, que me recuerda ese pie de lucha que ya lograste. Quizá veo tu mirada nostálgica como una posibilidad de mi futuro, quizá representas mis pasos a seguir o la confianza de seguir el destino incierto. Como ya te he dicho es el valor lo que me falta. Y solo me toca divagar por el momento, echarme hacia tras y disfrutar de la travesía. Todavía no se divisa Itaca, todavía puedo diluir un poco las acciones. Ahora solo lo que hace falta es un poco de paciencia para esperar que tú sientas algo de tu lado. Ahora solo falta... comprender.

Si no fuera porque al verte me nace, me surge, me florece una urgencia, un arrebato de protegerte, de verte bien y de que me cuides y de que me veas bien, estás palabras no hubiesen nacido. Espero que andes bien compañero. Yo estoy bien, en mi crisálida, descubriéndome, como mil veces me lo pediste. ¡Hasta luego!

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