


Desde que comencé a hablar de crisálidas con mis amistades, todos comentaban que era un concepto interesante. De camino al viejo San Juan, una de ellas me comentó que ella estaba en una crisálida hacia varios años.
Una compañera me dio una idea. Con ella voy volando. Los invito a viajar, a volar…
Imaginen una ciudad de crisálidas. Todas sujetadas a diferentes árboles de algún jardín botánico, perdido en el olvido. Allí están las orugas, desplegadas entre las ramas y troncos de cipreses, laureles y robles; como el poema de Benedetti “A la izquierda del roble” (aquí les regalo una estrofa del mismo):
No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.
- M. Benedetti
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.
- M. Benedetti
En ese jardín mágico convivimos las crisálidas. Mi hermana del alma lo dijo ya, en algún comentario de este blog: Las crisálidas del siglo XXI tienen puertas, ventanas y hasta balcones para asomarse y socializar con otras crisálidas.
[Aprovechamos la oportunidad para que este espacio sea el centro de comunicaciones de Crisálidas, S.A., institución que se dedica a la socialización de todos aquellos en crisálidas.]
Disculpen, mis divagaciones me distraen. El punto es que aquí, en este jardín de ensueño, todos tenemos nuestra crisálida social. Cada saquito es diferente, con colores llamativos y adornos a nuestro antojo. Como nuestros refugios y nuestros hogares, nuestras crisálidas reflejan quienes somos. Hay algunas con más estilo y moda que otras; varias son discretas, otras se reconocen a simple vista por el hot pink a la lejanía. En lugar de elitismo social, en nuestra comunidad hay estilo social: unas crisálidas más charras que otras; por allá, algunas cafres (llenas de escarcha); y otras, en el tope, más modernas (minimalistas). Se imaginan la crisálida art deco, sería como la entrada de un metro de París; la cubista, tendría un estampado bien a lo Picasso, en su etapa azul; y la de Pollock, sería un saco imitando el profundo Lavender Mist; y así, dependiendo del gusto de cada uno.
La mía, está llena de luces y muchos colores. Quien no me conociera, diría que tengo el arco iris del movimiento pro-derechos homosexuales. Quizá sea así, como una señal de apertura a todos, mi amor y mi crisálida admite la visita de todos. De vez en cuando, dice una amiga, sale algún humito (aunque por donde quiera hay letreros que dicen: ¡Estela, NO fumes!). En mi crisálida siempre se escucha música: algo de Delgadillo y Serrano, por la mañana; un poco de Sabina y Drexler, por la tarde; y, por la noche, un poco de Cerati y Páez –todos los hombres que me enseñan a amar día a día-). Mi rama esta cerca de muchas flores, para camuflarme en el viento. Mis amigos del alma están cerca de mí. Todas las mañanas saludo a Poly con su café o M&M que está secándose el pelo. Lola, con su instinto maternal, siempre me tiene el desayuno preparado. Las crisálidas del siglo XXI están concientes de que la soledad es buena, pero no en abuso, de que somos seres sociales, que necesitamos de los demás.
En nuestro paraíso, a la derecha del olvido citadino, en vez de carritos con helados, los vendedores callejeros nos ofrecen libros y discos fascinantes. Las tertulias imperan las reuniones sociales, un poco de new wave mezclado con salsa podría ser la próxima revolución musical. Informarnos constantemente y no mantenernos inmóviles, dentro de la inmovilidad que es la crisálida, ese es nuestro gran motor. Hay un bullicio en silencio, preguntas al aire, buen humor, miedos, picardía y esperanzas en esta ciudad… En esta ciudad todos están invitados a buscarse, encontrarse y salir volando. En esta ciudad, de paso y estancias pasajeras, hay refugio para todos. ¡Esperamos su visita pronto!
En la ciudad de las crisálidas, hay quienes sacan la cabeza porque son unos averiguaos, porque quieren ver donde está la fiesta y el bayú, porque quieren saber cual es la próxima oportunidad para crecer (dependiendo de la seriedad con la que se levantaron ese día)… En realidad, todos miramos a ver quien fue el valiente que abrió las alas y decidió ¡volar!
Sólo para probar si se puede escribir. Me encantó. Go ahead.
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