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viciada

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de mañana…

Siempre me ha parecido interesante el orden natural que tienen los tapones en este país... y como la gente difruta de alterar ese orden y cambiarnos la vida a todos. Somos todos parte de una cadena de reacción interminable. En la vida... nada se pierde... todo se transforma

La verdad científica: Plutón fue desterrado…

Dedicado a la persona responsable que, de vez en cuando, me recuerda gratos momentos de seguridad infantil… Esta semana, Se habla mierda, Inc. te ofrece una lectura refrescante y divertida para aquellos que crecieron en las postrimerías del siglo XX. La verdad científica: Plutón fue desterrado… ¡Rescatemos a Plutón! ¡Prohibido olvidar! Es increíble como todo regresa a la infancia. Cualquier psicólogo siempre encuentra la manera de achacar los problemas de uno a la infancia, a un padre no comunicativo o a los celos de hermanos mayores o menores. Con este evento de Plutón, todo regresa a eso… a la bolita de foam o plasticina que dejó de existir en el planetario que habita nuestra imaginación. Plutón, oficialmente, estuvo entre nosotros como planeta entre 1930 y 2006. Tiene dos lunas; una más que la Tierra, pero, como nos repiten los científicos que son dueños de la absoluta verdad, NO es planeta. ¡¡¡Como lo leen, si no lo habían leído antes… si, eso mismo, que Plutón ya no es planeta!!...

Aquella vida no era tan mala

Mi encuentro con él señalaría un nuevo ciclo de vorágine en mi vida. Esta vez no podría quitármelo de encima. Le conocía y me conocía. Estaba seguro de que él no necesitaría de muchas persuasiones para conseguir arrastrarme de nuevo en su loca carrera… Además, aquella vida no era tan mala que digamos. ¡Qué va! Peor era aburrirse en los clubs, jugando al poker o disertando sobre cosas respetables… ¡Diantre! ¿Cobardía moral, o qué? ¡Digámoslo de sopetón! ¿Qué más me daba volver a la refinada bohemia? De alguna forma había que amenizar el minuto. Ya estaba cansado de bostezar… ¡Oh, no! Aquella vida no era tan mala. ¡Y aunque fuese mala! Vale más, como dijo el poeta, un sufrimiento superior que una felicidad mediocre. ("Sebastian Guenard" de José de Diego Padró)